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lunes, 22 de marzo de 2010

FANTASMAS II

lunes, marzo 22, 2010 Posted by Anil , , , , No comments
!Hola chicos!
Tome en cuenta su peticion de continuar la historia, no se si la seguire tanto tiempo pero tengo algunas ideas, gracias por comentar!!!:

FANTASMAS II

Los escalones eran suaves y porosos, y tenían una fina capa de algo granuloso. Era difícil pensar que había pasado tanto tiempo con Pilar. Se había olvidado de todo y ahora no recordaba nada, sumamente extraño…

- No recuerdo nada- Le expresó a Sofía, parándose de seco en las escaleras- Nada, no sé cuánto tiempo estuve con Pilar, ni que hice, o que hablaba, no recuerdo nada. Incluso olvido el nombre de las cosas. ¿Por qué?

Sofía, pensativa, siguió andando, arrastrándolo de la mano que le tenía tomada. No dijo nada, tenía la mirada baja y subía monótonamente, meditando las cosas. Al principio eran muy angostas las escaleras y demasiado oscuras, pero conforme seguían subiendo, se ampliaban más y la luz se hacía más clara; era dorada y muy luminosa. Entonces José dijo:

- El color de la luz es como un péndulo, ¿Sabes? Rojiza, rosa y naranja, dorada y deslumbrante, cuando amanece. Clara y sin matices cuando transcurre el día y luego vuelve a los tonos otoñales al atardecer. Y cuando hay lluvia- Soltó un gran suspiro- Todo se torna gris y opaco, triste, pero deliciosamente llevadero para la vista, claro, eso si estas en un cerro.

Salió de su interior, pero no supo si era su pensamiento, y eso lo dejo plasmado. ¿Cómo se acordaba de eso y no de la cosa que pisaba? Se paró en seco en un rescoldo de las escaleras, ahora espaciadas y con más de esa sustancia granulada. Atrajo hacia si a Sofía y la miro largamente a los ojos. Se dejó inundar por esos ojos marrones, cálidos y abiertos por la sorpresa, y notó como las pupilas de ella se dilatan de emoción. No se dio cuenta que había dejado de respirar y que un fino sudor le enfriaba la espalda. Hechizado, levanto un poco el mentón y ella apoyo su cabeza en el pecho de él. Solo entonces echo de menos el aire y aspiro hondamente, revolviendo finos y rizados cabellos cuando soltó estrepitosamente el aire. Sus respiraciones se acompasaron y sus latidos igual. Un rubor agradable se expandió por el rostro de Sofía, calentando el pecho de José. Finalmente se decidió a rodearle la cintura con los brazos y estrecharlo en un fuerte abrazo. Ella era un poco más baja que él, así que se dejó envolver por otro abrazo, aún más fuerte que el de ella y aún más latente.

-Dime por favor- Susurro a si oído, bajando un poco la cabeza- Esto me está matando y es demasiado simple, dime....

- ¿Qué quieres que te diga?- exclamo lenta y dulcemente.

-Se lo que es la luz, y no olvide hablar, se muchas cosas corriente y, otras, no tanto; pero olvide muchas cosas simples. Tal vez no sepas el por qué, o el cómo; eso lo sé, pero sabes que son y quiero que me lo digas. ¿Lo harías?

Muy desconcertada por lo que le decía, levanto la cara hacia él, y vio su mueca de desesperación, y en sus ojos negros las ganas de saber. Se tomó unos minutos antes de volver a posar el rostro en el pecho de él. Finalmente dijo con ternura y paciencia:

-Lo haré con gusto. Dime cual es la duda y la responderé su lo sé.

De repente, la apartó delicadamente de él, y se dio la vuelta. Ella sabía porque lo había echo (Y es que lo conocía demasiado) y tal vez se avergonzaba por lo que no sabía. Sonrió pícaramente y añadió:

-No importa lo que sea, prometo no burlarme.... tanto.

La alegría de la voz de ella, la luz que le ilumino el rostro al volverse y la broma dicha le inspiraron confianza para soltarlo:

- ¿Qué es esto?

Apuntó la cosa que pisaba, suave y algo incomoda, rugosa, pequeña, y que le producía cosquillas si la raspaba contra el suelo y la palma de la mano.

-Vaya señor Hernandez, ¿Es que desde niño jugabas en la arena, y ahora ya no sabes su nombre?

!Arena¡ !Si ,eso se llama arena¡ Gracioso nombre para algo tan peculiar, daban ganas de reírse, de explotar de risa. Soltando una sonora carcajada abrazo entusiastamente a Sofía, dándole vueltas y haciéndola reír también.

-!Es arena, ja ja ja, mucha arena¡ Vaya cosa diminuta, y además que nombre tan curioso- Grito eufórico soltándola y girando sobre sí. Sofía le miro divertida. Su alborotado cabello negro, algo largo y bastante despeinado se movía flojamente en su frente, sus cejas medianas se movían de arriba hacia abajo y las pestañas largas que protegían sus oscuros y seductores ojos no parabas de pestañear. El mentón cuadrado, la boca delgada y masculina, sus angulosos pómulos estallaban también en la risa que le sacudía el cuerpo, atlético, marcado y juvenil. ¿Cómo lograba verse realmente bien, después de estar tanto tiempo en la fosa subterránea? Los jeans desgastados, la camisa a rayas deslavada y los tenis negros y sucios no le quitaba lo atractivo, y mucho menos riendo de esa forma tan explosiva como lo hacía.

-Bueno basta ya, que solo es arena y además no tenemos tanto tiempo, necesitamos subir antes de que anochezca y Pilar pueda subir hasta aquí.

Se paró en seco y se volvió hacia ella, espantado por la idea de que Pilar pudiera volver. La volvió a tomar en sus brazos y pregunto cautelosamente.

-¿Cuánto tiempo?

-Hasta que la luz dorada se acabe, así que corre, ya casi llegamos.

- Tienes mucho que explicar, chica, pero lo harás cuando estemos seguros.

La asió de la mano y subió como rayo las escaleras. Tan rápido era su ascenso, que ella tropezó y cayó. Se volvió y la tomo en brazos. El movimiento acerco demasiado sus bocas y el tuvo el impulso de besarla, solo 5 centímetros lo separan de esos labios rosados, de ese cálido aliento...

-!Noooooooo¡ !Olvídate de es!¡ ¡tú eres mío, de nadie más, !SOLO MIOOO¡

El grito desaforado, furioso y colérico de Pilar los sobresaltó. Ella estaba muy abajo, ni siquiera es era visible, pero su voz sonó fuerte, potente y tenebrosa. Rápidamente ellos se tomaron de la mano y corrieron escaleras arriba, veloces, sagaces y temerosos...

-Ya viene, ya viene, no pares que nos alcanza...

-¿! Como rayos tiene fuerza para eso ¡? Ella no puede subir !NO PUEDE¡

-Corre, la luz se hace más fuerte, ya casi llegamos, no nos alcanzara…


Casi callándose, José volteo hacia atras y el horror le invadió la mente: Pilar les pisaba los talones y su rostro era totalmente furia, desfigurando sus facciones y haciéndola ver como un monstruo. Apresuro a Sofía para que subiera más rápido, pero ella se detuvo repentinamente; tanto, que José  la empujo violentamente y ambos salieron volando y se estrellaron contra algo sólido y crujiente: Ya era casi de noche.

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