LARGO TIEMPO FUERA DE MI BLOG, POR QUE NO ACEPTABA MI CONTRASEÑA , EN FIN, AHORA ESCRIBIRE UNA VEZ A LA SEMANA, GRACIAS A LOS QUE LEEN ESTO….. DISFRUTALO XD (gracias familia)
FANTASMAS VI
-Despierta… despierta ya… Despierta…
Un susurro silbante le penetraba los
oídos, demasiado bajo para asustarlo, pero aun así lo bastante fuerte para
despertarlo. Las extremidades de José estaban extendidas sobre el pequeño arroyuelo
que un corría por debajo de él y arriba, en el cielo marinado de estrellas, la
luna seguía refulgiendo con su inusual (y fantástico) esplendor. La clara luz
se filtraba por las pestañas negras y largas de José cuando al fin recupero la
consciencia de donde estaba y que necesitaba. Solo debía llegar al final de rio
y ahí…. No sabía lo que pasaría, porque no llegó a enterarse lo que necesitaba
hacer gracias a la sorpresiva (y muy tempestuosa) entrada de Pilar. ¿Qué
sentirías y encontraras a las 2 personas que más necesitabas en tu vida
luchando solo por ti? Solo pensarlo lo hacía soltar un suspiro ruidoso, que
sonaba más a un resoplido de frustración que a suspiro.
Muy lentamente, se incorporó y miro el
hermoso paisaje que lo rodeaba: las dunas blancas, el cielo negro azulado, la
luna brillante, todo en sí era desconcertantemente irreal y bello. Era la vista
más apacible y silenciosa que pudiera recordar haber visto.
“Hey, si todo es tan tranquilo, ¿Qué me
despertó? …… era una voz muy sutil, parecía de alguien viejo….”
Buscaba con la mirada a todos lados,
recorriendo el horizonte despistadamente pues no creía que hubiera alguien en
aquel inhóspito lugar. Lo más lógico era pensara que fue su imaginación. Así
que dejo que ese pensamiento le escapara de la mente y se concentró en el
paraje desolado que le esperaba. No muy lejos del arroyuelo se encontraban 2
dunas enormes y más a lo lejos un especie de camino marcado por tierra rojiza.
“Eso no lo había visto… este lugar es
extraño; tal vez deba seguirlo y eso me lleve a… diablos, es difícil encontrar
un camino cuando no sabes a donde ir..”
Rascó su mentón; distraídamente recorrió
su entorno con la mirada, esperando que se revelaran más caminos a donde ir. Si
no sabía que hacer o a donde ir, ¿Qué podía hacer? Pedir información. Y solo
había una persona a quien pedir información. Y (el corazón le dio un vuelco)
eso significaba que debía volver, rio arriba, para encontrarse de nuevo con
Sofía.
-Yo no pensaría en volver si fuera tu- Se
delató una voz en el ambiente- Esas chicas son problemas y lo sabes…
¡Otra vez la voz¡ Su timbre era ambiguo y
áspero y parecía más sobrenatural que humana, denotaba autoridad, y misticismo
y un dejo de….maldad. José giró sobre sí mismo para localizar a dueño de
aquella aterradora voz, pero no teniendo éxito se sentó exasperado a que el ser
volviera a hablar. O tal vez su imaginación.
-No, me parece que no soy tu imaginación,
muchacho; estoy aquí, al igual que tú.
-¡Ya basta¡ ¿Dónde estás? ¿Quién eres?-
Levantándose como alma que lleva el diablo y tratando de localizar a su
invisible enemigo. Aunque ya no era invisible.
-¡¡¡Haaaaa!!!- Fue el único sonido que
salió de su garganta seca, raspando desde dentro y lastimando su laringe. El
espanto se apodero de él y heló la sangre que circulaba por sus venas. Una
figura imponente se levantaba tan cerca que tuvo que saltar hacia atrás por el
miedo: De alta estatura, aquel endiablado ser lucía una tez rojiza y brillante,
como si la cubriese una fina capa de agua que la hacía centellear en la poca
oscuridad que había; de su tranco corporal salían las extremidades enormes con
uñas negruzcas; y manos y pies callosos, largos y punzantes, se curvaban como
si intentara tomar una cabeza invisible y pretendiera aplastarla con su solo
puño. Cubría su cuerpo con una especie de manto grisáceo que tenía en las
orillas bordados alternados en negro y rojo con símbolos realmente extraños y
hermosos. La piel de su cuello era rugosa y escamosa de tonalidad más oscura, y
se podía ver como el paso de los años (o siglos) había dejado su marca en
aquella criatura; largos y erizados cabellos blancuzcos caían de forma
desordenada por sus gigantescos hombros, avanzando por su espalda ancha hasta
terminar a la altura de la cadera; se podía ver la punta de las orejas
sobresaliendo por entre su hosca cabellera. Terroríficamente levantó la cabeza
y José pudo apreciar el demacrado rostro de la bestia que tenía enfrente: De
pómulos afilados, rectos; de nariz pequeña y con fosas nasales medianas,
oscuras y redondas; una boca que más bien parecía un astuto corte horizontal
centrado entre los malares: de ojos grandes y oscuros como las profundidades
del hoyo más hondo de la tierra, protegidos por unas cejas bastante grandes,
pobladas y canas también. Con una tonalidad sorprendentemente rojiza oscura, la
tez se veía tersa y suave, en contraste de todo él.
En realidad era una imagen bastante
aterrorizadora, con su manto ondeando a favor del viento, flotando por encima
de pequeño despojo de arroyo que se perdía por las dunas, e iluminado por la
luz abundante de la luna. Miraba despectivo a José, esperando… Solamente
esperando a que reaccionara.
-Bueno muchacho, hazme el favor de decir
que éstas haciendo aquí.
José, mudo de la sorpresa, no atinaba a
hacer nada más que mira al demonio de pies a cabeza y mantener – Aunque sin
darse cuenta- la boca abierta en una o perfecta. Con la respiración agitada e
irregular, trato de despejar su garganta, pero aún estaba paralizado y lo único
que consiguió hacer fue soltar un sonido gutural de esta. Debió de haber sonado
raro, porque el demonio lo observo expectante, directo a los ojos. José tenso
los músculos de su cuerpo bajo la feroz ojeada de él. Soltando un ancestral
suspiro, levanto su aterradora garra hacia José, como si quisiera tocar el
hombro de chico; mas, como era de esperarse, tal acción lo destrabó de su
parálisis temporal, dando un enorme salto hacia atrás que dio como resultado
que se tropezara y cayera en el arroyuelo de nuevo, salpicando el borde del
manto de la creatura. Con una sonrisa en los labios, dio giro un poco hacia el
muchacho y luego dejo una separación aceptable entre ambos.
-¿Te asusto?- La sonrisa se ensancho más-
Dime de dónde eres y a dónde vas. O, mejor dicho- Asomaron los dientes
amarillos – quien te trajo aquí.
Creyó que se iba a desmayar. Aquel
misteriosos ser sabía muchas cosas; era sabio y ambiguo, su voz denotaba una
pesada autoridad, pero también la cordialidad de un padre. El tono grave y de
ultratumba sorprendía al más valiente de los hombres y seguro que más de uno
hubiera salido corriendo ante una orden suya. Atontado, José se levantó y dio
un paso hacia adelante, cauteloso de cualquier movimiento en falso. Si se iba a
enfrentar con él, se dijo, mejor no demostrar más temor de que ya había
mostrado.
“Erguido y que no te note nervioso, si él
no ha descubierto su cara, ¿Por qué lo has de hacer tu?
-¿Es qué no puedes hablar o que ha pasado
contigo?
-Discúlpeme…. Señor- La diferencia era
mucha respecto a las voces de ambos. Aunque José lo intento, del tono de su
voz escapo un dejo de recelo bajo la seguridad con la que hablo;
gesto que el demonio no pasó desapercibido.
-Señor…. Ese un adjetivo que no me
gustaría llevar, aunque, siendo claros, tampoco me gusta “creatura”. Tlapiani,
Uey Tlapiani, es así como me llaman.
-¿Lees… lees mi mente?
-No leo tu mente, muchacho, pero sí
tus facciones. Además, mueves los labios como si hablaras cuando te
asustas. Eres evidente.
En la cara de José se reflejó el
desconcierto, pero aun así no perdió la seguridad que tenía. “Chico listo,
aprende rápido” Pensó Uey Tlapiani mientras lo estudiaba con la vista. Cuando
una persona o espíritu aparecía en esos parajes, su trabajo era bastante
sencillo: Les explicaba ligeramente que el mundo espiritual era para su
descanso o sufrimiento y los enviaba a donde pertenecieran. Nadie podía
engañarlo, porque bastaba mirarles los ojos y buscara el brillo en ellos o lo
opaco que los tuvieran; después de todo, los ojos son las ventanas de alma.
Además la tez de las almas se veía enfermiza y casi translucida, ellos tenían la
certeza de donde estaban y mucho miedo de lo que les pasaría y eso Uey lo
notaba al instante. En los caso raros en que no se definiera con exactitud a
donde lo debía mandar, lo único que debía hacer era ponerlos a hablar,;
Mientras aquellas almas desfundaban el mar de preguntas que les carcomían las
entrañas, Uey Tlapiani usaba el conjuro Tlanenextilistli o “revelación” que
resultaba efectivo y exacto. El hombre que tenía frente a él era joven y
fuerte, pero no era un ente común y corriente: sus ojos brillaban de una manera
muy intensa y respiraba tranquilo. Tenía una gran confusión y al mismo tiempo
una gran seguridad. Claro, se asustó demasiado cuando Uey Tlapiani se mostró,
pero ¿Cuántos no habían salido gritando “demonio” mientras él hacia su trabajo?
¿No les resultaba atemorizante el aspecto del viejo guardián cuando, allá
arriba, se les mostraba la cara de Uey Tlapiani como la cara del mismo diablo?
-Uey Tlapiani, ¿Está bien? Se ha quedado
como anonado mirando al infinito, y ni siquiera escucha lo que le estoy
diciendo.
- Aun sigo aquí, que es lo importante. Y
además, primero deberías contestar mi pregunta su quieres que yo te dé
respuestas, ¿No te parece?- Respondió con la vista aun perdida entre las Dunas
blancas.
-Pues… ¿Cuál era la pregunta?- Dirigía los
ojos directamente hacia él, y luego hacia las dunas, buscando los que atraía
tanto la atención del espíritu.
- Dame tu nombre y quien te trajo aquí.
- Mi nombre es… José y en realidad aun no
recuerdo mucho de cómo llegue aquí, pero sí de la persona que me arrastro al
fondo de esto: Pilar, vera yo no….
-¿Pilar?- Interrumpió Uey levantando
ligeramente la mano al ver la sombra de rencor en el rostro del chico- ¿Una
mujer delgada y hermosa, con el corazón de una bruja?
-Parece que la conoce… ella me trajo aquí,
pero no logro recordar como… no sé qué es lo que me pasa y realmente quisiera
saberlo.
- José… que esa siuanauli te manipulara y
lo de tu memoria no me sorprende, pero si me intriga mucho como escapaste de
ella.
- Fue gracias a Sofía, Uey, si te puedo
llamar así.- Dijo, correspondiendo al gesto de amabilidad de Uey- ¿La
conoces acaso?
-Pues no, ella no me es familiar, pero
debe ser muy poderosa y valiente para haber enfrentado a Pilar.
“Uey no es tan atemorizante como se ve, y
es muy sabio. Además parece conocer a Pilar y eso me puede servir. Necesitare
de él, es un hecho que si lo necesitare.” José se acercó decididamente y lo
miro al rostro. Una parte de él sentía que era demasiado peligroso, pero la
otra sabía que era necesario conocer más acerca de Uey.
-¿Qué te parece un trato? Te contare todo
lo que se. Desde lo que recuerde hasta lo que se me informó; no omitiré nada,
ni un sentimiento ni una sensación. A cambio, tú me dirás lo que
sepas de Pilar, con las mismas condiciones con que yo tuve. ¿Es un trato?-
Estiraba la mano en su dirección de una forma ceremonial. En toda la eternidad
que llevaba ahí, ningún ser humano tuvo el gesto que le tendía José; no cabía
duda que era admirable su valentía cuando se proponía algo. No afectaría mucho
lo que le contara, pues solo sería la verdad. Pero si le ayudaría todo lo que
él dijera, averiguaría lo estaba tramando esa astuta siuanauli y cómo fue capaz
de burlar su custodia sin que lo percibiera. De un modo u otro, era un buen
trato. Y le agradaba ese muchacho.
- Es un trato, amigo- Exclamó estrechando
la mano con el chico- Sentémonos aquí y empieza tu relato, que yo te escucho-
Una sonrisa misteriosa cruzó su rostro. Un hecho le alegro sobremanera: Era la
oportunidad perfecta de utilizar el conjuro Tlanenextilistli.
*************************************************************************-Estas
fuera de condición, creí que sería una batalla más larga- Le soltó mientras la
observaba desde arriba: Después de una ardua pelea, al final la había derrotado
con un ágil conjuro; ahora estaba en el suelo, agitada y con dificultades para
respirar.
-Recuerdo que en la cancha dabas más de lo
que tenías, y eso nos hacía ganar. No me pienso comportar como tú, porque al
final, soy yo la ganadora.
-…Nunca te dejare…Eres una maldita…José se
dará cuenta de lo que estás haciendo…-Alzo la cabeza para mirarla a los ojos, y
rabiosa gritó- ¡¡¡Ya veraz como me las arreglo para vengarme!!!
- Mientras tanto, arréglatelas para
despertar- Y le acento un golpe en la cabeza que la dejo inconsciente. No la
iba a matar. Sacaría ventaja de su inconciencia y buscaría a José ¿Qué tan
lejos habría llegado? Se preguntaba mientras miraba las tranquilas aguas de
rio. Exhausta, se arrodillo junto al cuerpo inconsciente y le miro la herida.
Un hilo de sangre resplandeciente le resbalaba por el cuello. Tomaría un poco
de ella, se dijo a sí misma, estaba muy segura de que la necesitaría para algún
conjuro. Tal vez para uno que incluyera un cambio de imagen.


sofia perdió la batalla???
ResponderEliminar:S
quien sabe...... apoco ahi dice Sofía?
ResponderEliminaryo no lo veo....
ja ja ja